REINO DE LOS SUPERDIOSES
Hoy volví a leer el número 0 (cero) de la megaserie de Grant Morrison, SEVEN SOLDIERS OF VICTORY. El prélogo y el epélogo son muy extraños, a la manera en que era extraía la fundamental DOOM PATROL del mismo Morrison. Todos saben de las influencias dada?stas y borgeanas de esa historieta. Todos recordar?n la frase del comiquero Marx Ernst que el uruguayo Lautremont citaba para definir el surrealismo: “Bello como el encuentro casual de una m?quina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones”. Bueno, en el epélogo de Seven Soldiers… hay una m?quina de coser el tiempo. Que me recuerda a otra, en las páginas de Elektra Asesina, de Frank Miller y Bill Sienkiewicz, esa enorme Singer que sostenía el cuerpo biúnico de uno de los agentes de S.H.I.E.L.D. (de la rama sudamericana, claro).
En fin, la parte central del relato está contada en primera persona por una periodista que escribe una columna sobre super héroes. Investigando sobre el tema descubri? que su padre era uno, y decidi? seguir la tradición, más que nada por la excitación. Lo que la lleva a unirse al grupo de los Seven Soldiers es justamente la falta de una emoción mayor. Ser una super hero?na es como una droga, que necesita cada vez dosis más fuertes.
Ella escribe: “?Cómo sabes que te convertiste en un super héroe y no sélo en un fetichista loco con un deseo de muerte?” “?Es cuando te un?s a tu primer supergrupo y tu psicosis es validada por consenso?”. Son cuestiones que tienen que ver con la trama y tambien con el veros?mil del género. Ese deseo tan extraño de que las historias de gente con superpoderes encajen en la realidad a veces me asusta un poco. Me siento mejor cuando pienso en los superhéroes como seres mitológicos. No lo digo desde la distancia semiológica, lo digo desde la suspensión de la credibilidad necesaria para disfrutar de una historia: “Este tipo vio a una diosa y se convirti? en un ciervo, a este otro lo pico una araña y se convirti? en una araña humana.”
En un comic-book de TARZAN publicado por Dark Horse llamado A TALE OF MUGAMBI, Darco Makan e Igor Kordey daban una visión m?tica del personaje de Edgar Rice Burroughs. Tarzan era presentado como un dios, que compart?a su selva con tres animales que luego complotaban contra él; y Mugambi era literalmente su sombra. La historia era notable, porque tenía todo el peso de una leyenda y era a la vez una met?fora muy cierta sobre el personaje. Tarzan, crean lo que crean quienes lo conocen por las películas del monosil?bico Johnny Weissmuller, es un tipo que come carne cruda y se piensa a si mismo diferente al resto de los humanos, ni siquiera siente demasiado inter?s por los asuntos políticos, salvo cuando lo afectan directamente.
�Qué cerca están las religiones y sus dioses de los personajes que habitan el universo de los cuadritos!. No me extraíar?a que dentro de un par de siglos la continuidad de alguna historieta nos termine arrastrando a la guerra. Ya me imagino al l?der del Mundo Libre diciendo “O están con los que creemos que Hal Jordan es el verdadero Linterna Verde, o están contra nosotros”.
Esperemos que no. A veces creemos saber nuestro futuro, pero el Profeta nos recuerda que “Alan sabe más”.
Abluciones y mate cocido para uno.





