PODER MÚSICO-MENTAL
La última aventura de Sónoman en la revista Anteojito no es la que recuerdo con más placer. No porque no fuera interesante, sino porque creo que presentía el desenlace. Había algo melancólico en que de dos páginas a todo color (habían sido más en los años sesenta) ahora se pasara a solo una página en blanco y negro, con cuatro o cinco cuadros cada una. Al volver a la Vieja Casona (que fuera la Mansión Hamilton mucho tiempo atrás y que ahora ostentaba en el cartel con su nombre, un nido de hornero) Sónoman se encontraba con un verdadero museo. No, nada que ver con el Hombre Museo que viajaba en el tiempo coleccionando cosas y personas (por ejemplo el Racing campeón de 1966): se trataba de una pequeña muestra de recuerdos de las aventuras que terminaban en esa página recolectados por Jasper, su fiel mayordomo (fiel, cuando no tenía el chip con el que Monsieur Robot dominaba su voluntad).
A la semana siguiente, Sónoman ya no aparecía en Anteojito. Y creo que yo dejé de comprar la revista no mucho después. No digo que por esa razón, quizás solamente me gusta creerlo así.
Tiempo después Sónoman apareció en su propia revista, que traía historias completas ya aparecidas en Anteojito, pero muy bien adaptadas a ese formato. Lamentablemente duró solo dos números, pero hay que decir que fue en el peor momento de la historia del país. Ya saben cómo es uno; no fui el único que se quejó por el atraso de las revistas yanquis en septiembre de 2001.
Es cierto, Sónoman volvió muchas veces: en el tabloide para chicos La Hojita (las tengo), en la revista Humi, (no las tengo). Incluso hubo un intento (justamente en 2001) de hacer una serie para televisión. Su autor, OSWAL (Osvaldo Walter Viola) que cuenta con tantas otras obras gloriosas de la historieta, le tiene un rincón muy especial en su página web, donde presenta también alguna historieta poco conocida del Hombre Sonido.
De todos modos, yo me pregunto qué hubiera pasado luego en Sónoman, la revista. Recuerdo cuando la pedí en el kiosco de Paso del Rey, que en ese preciso momento estaban atendiendo dos chicas muy jóvenes. Revolvieron todo, ofreciéndome otros personajes con nombres terminados en “man”. Pero no estaba el que yo quería y me quedé para siempre con la intriga: Quién era Chicoluz, el personaje cuya aparición prometían en el número 2? ¿Hubiera vuelto a morir Chingololo, “el ídolo joven de la canción en la isla de Satania? ¿Se enfrentaría Sónoman a Mascarín? (Mascarín era un personaje más adulto de Oswal, que si mal no recuerdo, aparecía en Chaupinela).
No creo que haya otras historias que hayan influido tanto en mí. Hay mucho drama moral en Sónoman: cuando el personaje se plantea si fue correcto deshacerse de los salvajes Uka, cuando Jerias descubre que por vanidad se ha convertido en lo que más odiaba o cuando Tanque, el boxeador, duda de su propia naturaleza. Hay mucha tristeza en la frustrada relación de Zerbelha y Sónoman y en la del cacique Yaquetruz y la cautiva Deolinda. Oswal siempre nos habló como adultos a los que estábamos en primaria, a los que solíamos sentirnos tan frustrados como Gulfo (ya saben Gulfo, el golfista que hacía un hoyo en uno en el primer tiro y no embocaba una durante el resto del juego).
¿Qué más puedo decir? Lo mejor de mí, aquella parte de la que puedo sentirme orgulloso, tiene su origen secreto en esas páginas coloridas y melancólicas. Si yo fuera un país, esas historias serían mi folklore.
Comentarios(3)





Excelente tu nota. Comparto plenamente tus ideas, tambien soy fana del maestro OSWAL.
Me parece genial lo que dec?s, tambi?n he crecido con las fascinantes aventuras de S?noman. Ellas marcaron buena parte de mi infancia. Ser?a justo que a los 40 a?os de haber nacido, se le haga un reconocimiento a esta obra del maestro Oswal
[...] Ok, ok, están leyendo a un fan, que le vamos a hacer. Después de todo este post pretendía ser apenas un aviso de que revisé dos entradas anteriores acerca del mismo tema (arreglé acentos y links que quedaron colgados cuando hicimos el cambio de dominio): uno es Poder Músico-Mental, una semblanza de la historieta que juro que me salió sin querer, cuando trataba de escribir sobre museos de la historieta. Tuve la suerte de que un amigo le enseñara el texto a Oswal y que él me escribiera la amable y deliciosa carta que reproduje en Oscilógrafo Blues. Pido perdón si parece como que no quiero laburar, pero quería rescatar una de las grandes alegrías que me dió hacer este blog. [...]