LOST IN THE COMIC


Pensé que ya tenía el m?todo para leer Promethea 32 cuando record? que Jos? Villarrubia había telefoneado a Alan Moore para preguntarle cómo cornos había que leer el más mágico de los reviposters, información que después divulg? en su lista de correos dedicada a la obra del mago de Northampton.

Seg?n entendí el m?todo es parecido al que yo me había imaginado. Y bastante lógico si se tiene en cuenta que la mayoría del público no se imagina otra forma de leer un comic-book que desde la primera a la éltima página. Otra gente desafortunada (a la que uno siempre deber?a estar dispuesto a iluminar) ni siquiera sabe leer una historieta.

Perd?n, estoy divagando. Si tienen en sus manos el número 32 de Promethea comiencen a leerlo desde lo que habitualmente es la primera página y sigan hasta el final, aunque tengan que girar la revista para leer algunas de las páginas. Ahora, un detalle: según la infinita sabidur?a del dios Alan (?bendito sea!) en la primera lectura solo deber?a seguirse el monélogo de Promethea y en la subsiguiente, las c?psulas de información que lo complementan.

En unos días intentar? ese m?todo. Lo que no voy a hacer de ninguna manera es sacar los ganchitos de la revista y armar el poster.

No es tan dif?cil leer una historieta. En otra época le pon?an un número a cada vi?eta para que uno no se perdiera. Pero perderse en una historieta suele ser educativo, no solo para el lector, sino para el guionista o el dibujante novel que tiene que ubicar las vi?etas de diálogo o las captions (recordatorias, decía HGO) para que la acción sea flu?da.

Perdióndose, uno también puede descubrir que los japoneses no están locos, sino que uno estaba leyendo un mang? de izquierda a derecha cuando está editado para que se lea en el sentido de lectura japonés.
Perderse es bueno. Perdete.

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