EFEMÉRIDES

Me acuerdo que yo fu? a Capital uno o dos días después. Todavía había baldosas desprendidas, y piedras. No quedaba un solo tacho de basura, como mucho la parte superior, lo que los convert?a en tachos fantasmas: vos tirabas algo por la boca del tacho e iba a parar al mismo suelo. Recuerdo que compré algunos regalos navide?os en el Musimundo que había visto saquear por la tele (me quedaban unos pocos pesos del nefasto reich menemista. Poco después esos pesos iban a valer menos que los billetes confederados que había heredado La Familia Ingalls).

Porque de repente estabamos revisando la historia de la depresión norteamericana: el crack del 29, las hoovervilles, el mundo que yo había estudiado tan bien a través de los seis números de Kings in Disguise (escritos por James Vance y dibujados por Dan Burr) que publicara Kitchen Sink. Recuerdo esa página que me había asombrado tanto, en la que los obreros yanquis se toman de las manos y marchan hacia la planta Ford cantando nada menos que La Internacional. All? no solo estaban la miseria y la violencia que todavía nos rodea, también estaba el buen corazón que recordamos tener de vez en cuando.

De cierto os digo que el desastre argentino aún era comparable a otra historieta. Aquella en la que Gotham City queda aislada del resto de Estados Unidos y tiene que arregl?rselas como puede. Nosotros también, como en Batman: No Man’s Land teníamos que sobrevivir con una economía basada en el canje y con huertas comunitarias, que no llevaban a cabo personajes tan pintorescos como el Ping?ino (inserte su chiste aqué) o Poison Ivy. Se hablaba de repartir la Argentina en territorios. Pronto ibamos a ser un país dividido en feudos. Como si no lo hubieramos sido siempre.

No s? que pasó con las huertas comunitarias, pero s? que hace poco la carne aument? de precio. Mal momento eleg? para dejar el vegetarianismo.

Buen momento en cambio para recordar que existe una antolog?a gr?fica (el t?rmino lo acu?? yo, pero nadie lo nota nunca) llamada justamente Carne Argentina y que trae siete relatos relacionados con la represión de aquél 20 de diciembre de 2001, con los saqueos, los negociados de éltima hora, con los obreros del supermercado, con la paranoia, incluso.

Es un libro con una historia rara, porque primero se publicó por la editorial Undercomic, de Espa?a que envi? ejemplares a sus autores. Ejemplares que creo, nunca salieron del dep?sito donde los encanut? la Aduana. Cambiar el mundo a través del arte, es dif?cil, qué quieren.
A los autores, el colectivo underground llamado La Productora, les convenía hacer una edición nueva antes que pagar el monto de délares que exig?a la Aduana privatizada por el paquete, precio que aumentaba progresivamente. Finalmente una nueva edición (argentina) apareció har? poco más de un a?o. Es una de las buenas opciones para regalar esta Navidad.

No me gustan las efem?rides. Esta pretend?a ser una reflección acerca de momentos cr?ticos que se vuelven fundacionales, como sucede en historietas como Akira o El Eternauta . Un reflejo de los reflejos que en aquél momento yo trataba de encontrar en la historieta. Como ese número de Promethea que llegó medio de casualidad y cuya tapa traía algo que estaba inspirado en Van Gogh pero que parecía una bandera argentina.

Buscando ahora cuál era averiguo que se trataba del número 19… y lo más loco es que se llamaba Fatherland. O sea, Tierra de los Padres, o lo que nosotros llamar?amos Madre Patria.

Con esa rima me voy, porque tengo sue?o y hace calor y todo eso.

 

Comments

  1. December 21st, 2005 | 3:58 am

    No olvidare lo horrible que fue cerrar apresuradamente el negocio en el que trabajaba en esa epoca porque segun la policia “se vienen todos a saquear”
    Tampoco olvidare que cruzamos varios el puente Alsina a pie, porque la gente estaba poco menos que acampando y los colectivos no podian pasar.
    Esto me siguio pasando, con otros actores, eso si.
    Ahora se llaman “piqueteros” y pretenden un aguinaldo sin trabajar, algo que yo no tengo, por ejemplo.
    Nefasto tiempo fue ese.
    Mucho miedo a sufrir consecuencias de cosas que uno no provoco, al menos, en forma consciente y real.

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