ORIENTE Y OCCIDENTE

corentin_prince.jpgUn verano, en la revista Anteojito, apareció un personaje que yo no conocía. Capaz que ese mismo verano aparecieron varios… a veces tengo la sospecha de que conocí a Bernard Prince, a Corentin y a Spirou a la vez que leía una de las más extrañas historias de Sónoman.

Pero bueno, en este momento me refería a Corentin, un chico que cansado de los golpes que le daba su tutor se embarcaba clandestinamente en un barco que iba a Oriente. Así es como termina corriendo aventuras en la India junto a un niño nativo de aquellas regiones, llamado Kim. Viendo a un chico rubio hermanado con otro, indio, uno recuerda a Jonny Quest y Hadji, pero Corentin y Kim no tienen un perrito de mascota, sino que poseen un gorila y un tigre, que si no recuerdo mal se llaman Baal y Moloch.

La historia que se había publicado en Anteojito se llamaba El Príncipe de las Arenas. En ella Kim era reconocido como un príncipe perdido y Corentin vendido a un mercader de esclavos. Aparecía tambien un mago que tenía un jardín maravilloso en medio del desierto, en el que crecían frutillas inmensas (por ejemplo). En el desierto tambien había hordas de tártaros y visiones fantasmales.

Lamentablemente, siempre que en Anteojito se publicaba alguna historieta francesa o belga, alguna página desaparecía. Faltaba una en la de Bernard Prince (La Frontera del Infierno) y una secuencia importantísima en Zorglub Contraataca (”La Sombra de Z”). Lo mismo pasaba con El Príncipe de las Arenas, y yo que había arrancado las hojas, pegándolas y ubicándolas en unas tapas de cartulina, me quedé con un álbum incompleto.

Unos años después cayeron en mis manos unos biblioratos en los que una maestra había seleccionado muchísimas hojas con notas escolares del Billiken, que databan de los años 50 y 60 y las había ordenado por materia. Por supuesto, usé ese material para estudiar.

Porque en la parte anterior de esas notas de geografía y ciencia y que se yo, había restos de maravillosas historietas: Dan Cooper, Oumpah - Pah, Luc Orient, Arturito el fantasma, el Pi-Pío de García Ferré que comentabamos hace poco y nada menos que Corentin, en una historieta que transcurría en el Far West.
Y cuyo estilo me resultaba bastante raro.

corentin3.jpgNo había que pensar mucho para saber que se trataba de una historieta mas antigua que la que yo conocía. El Príncipe de las Arenas es de 1970 y Corentin entre los pieles Rojas data de 1956. Lo que no sabía y me enteré hace poco, es que se trata de una aventura que le sucede a un descendiente del Corentin. Resulta que los lectores del Journal Tintin, donde aparecía la historieta querían más Corentin y más western. Corentin transcurría en la India del siglo XVIII, así que Paul Cuvelier, el autor, inventó a este descendiente que vivía aventuras en la América del siglo siguiente.

Hace unos meses comenzó a salir un comic escrito por Brian Azzarello y con dibujos del argentino Marcelo Frusin. Es un western que elige el momento justo en que empieza el género: al terminar la Guerra Civil Americana.
Lo relaciono con lo que descubrí de Corentin, porque Azzarello contaba en un reportaje que hace bastante que tiene la idea o el argumento de la historieta pero que nadie quería saber nada con un western. Y que si no fuera porque la popularidad de la serie de televisión Deadwood.

No solo me pareció irónico que en una época hubiera que inventar otras versiones de los personajes para ubicarlos en el western, mientras que ahora hace falta un golpe de suerte para poder publicar algo dentro del género (hace rato que Moonstone Books publica algunos, pero la inspiración general de sus comics es el pulp).

Acá pasa algo así con la historieta gauchesca, que hace rato espera una renovación. Mientras los samurai siguen vendiendose bien en oriente y occidente, incluso en versiones mas o menos anacrónicas, el gaucho y el cowboy siguen luchando por recuperar el lugar de privilegio que alguna vez tuvieron.

No, no se si la solución es hacer historietas de gauchos samurais. Si las historietas de samurai como Kozure Ôkami o Samurai Executioner funcionan es porque la cultura japonesa de la época en que transcurren es una parte inseparable de esas aventuras.

Lo que habría que hacer entonces es leer literatura gauchesca, estudiar la historia y pensar como la narrarían los grandes historietistas de hoy. Por supuesto que insume tiempo.

Alan Moore y Melinda Gebbie tardaron 16 años en completar Lost Girls… ¿Por qué alguien que no sabe acerca de su propia cultura (ese hipotético autor que quiere renovar el comic gauchesco) tendría que esforzarse menos?

 

Comments

  1. Shester
    June 28th, 2006 | 11:21 pm

    Exactamente! Yo he sido una de las personas que más han transpirado buscando los originales de Spirou. Lo conocí (mutilado) en Anteojito; a esto se le suma que en Argentina los álbumes de Spirou (para la venta) directamente no existen…¿Qué hacer? Conocí la versión completa de Z como Zorglub y La zombra de la Z en 2002, a más de 20 años de mi primer encuentro con los Spirou en Anteojito.
    Saludos!!!!!

  2. July 4th, 2007 | 6:30 pm

    Si mal no me equivoco, cuando se publicó ese Corentin (a comienzos de la década del ‘70…?), yo hacía mis primeras armas en la historieta, allá en García Ferré y veía pasar con admiración las páginas europeas para Anteojito, a las que a veces tenía que estirar un poco para que dieran la medida. En fin, otros tiempos… Pero quería comentarte, además de felicitarte por tu excelente blog, que algo así como lo que sugerís sobre la historieta gauchesca, intenté hacer en el diario La Voz, en 1983: Dibujé el Juan Moreira completo en un estilo inspirado en el del Corto Maltés, que en ese tiempo era un ejemplo de historieta moderna y estilizada. Se publicó una página por día, durante tres meses y me gustó mucho hacerlo, aunque, evidentemente, no pude dedicarle 16 años de mi vida.

    En definitiva: estoy de acuerdo en que ese es un camino que los artistas de acá deberíamos transitar más a menudo.

    Un abrazo.

  3. July 11th, 2007 | 9:51 am

    […] unos días encontré un mensaje suyo debajo de un viejo post sobre Corentin, y como lo descubrí al personaje de Paul Cuvelier en Anteojito. A mí me parecía irónico que el […]

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