SI YO ESTUVIESE A CARGO…
Si yo estuviese a cargo, jamás haría algo tan horrible como ese Quack Pack, en el que los sobrinos de Donald se vestían como petiteros… digo, como raperos, con la gorra al revés y esas remeras donde entran tres patos. No, no. Y si vamos al caso tampoco hubiera hecho las PatoAventuras.
¿Por qué lo digo? Después de todo, los primeros capítulos de esa serie animada estaban y seguramente están entre mis favoritos. Porque cuando uno lee las historietas originales, se da cuenta de lo fundamental que es el personaje de Donald tal como Carl Barks lo recreó. Launchpad McQuack o como quiera que se llamase en castellano no le llegaba a los talones.
Y el problema es la suposición (¿de la empresa Disney?¿de sus asesores en marketing?) de que el público no soportaría que Donald hablara normalmente, como lo hace en las historietas. El pato no podría tener la relación de afecto o competencia que tiene con sus sobrinos, no podría quejarse de lo poco que le paga Tío Rico (Scrooge McDuck), ni monologar lamentando su mala suerte (y la asquerosa buena suerte de su primo Gladstone Gander) si tuviera que limitarse a ese incomprensible graznido con que lo maldicieron en los dibujos animados.
Hace poco, Gemstone, la editorial que publica en Estados Unidos los comics bajo marca Disney, lanzó una serie destinada a captar (supongo yo) a los nostálgicos. Se trata de Carl Barks Greatest Duck Tales, en las que publica las historietas originales del gran “hombre pato” que adaptaron en la serie animada. En sus páginas, seguramente podrían comprobar por qué ser mucho mas fieles a las fuentes hubiese sido mucho mejor.
Si yo estuviera a cargo, haría una serie en la que Launchpad McDuck no existiera, ni la señora Beakly, ni la contraparte femenina de los sobrinos. Estaría Jones, el vecino de Donald. Estaría Daisy y Gladstone Gander y Giro Sintornillos. Estarían los Cortapalos Junior y las Chickadees y los Beagle Boys Inc. se verían todos idénticos.
Sería puro Barks + Don Rosa.
Imaginen sentar las bases del universo de los patos en una primera temporada, planeando las secuelas y vueltas de tuerca de Don Rosa en una segunda. Ya puedo ver la presentación: el sol elevándose sobre Duckburg, brillando sobre la estatua de su fundador Cornelius Coot y reflejandose en el río Tulebug. Al fondo, sobre la colina Killmotor, se elevaría la bóveda en la que Scrooge guarda el cambio chico.
Imaginen episodios navideños basados en Barks. Imaginen un spin-off basado en Life and Times of Scrooge McDuck, contando la biografía de Tío Rico, desde que ganó su primer centavo (el de la suerte) hasta que conoce a Donald y sus sobrinos. ¿Qué? ¿No hay miniseries animadas? No importa, las inventamos. Ustedes dejenme a mí a cargo y van a ver lo que es bueno.






Si estuviera en mí la decisión de dejarte a cargo creéme que ya hubiera firmado para que así fuera (¡)
De solo imaginar miniseries animadas con ese verdadero espíritu de las viejas historietas de los patos me empiezan a brillar los ojos!
Eran geniales esas revistas que traían una sola historia (larga) en donde Tío Rico se iba con Donald y sus sobrinos a quién sabe qué lugar recóndito del planeta buscando alguna fortuna, intentando adelantarse a Roquepato y a Titus Bondy, sus archirrivales millonarios (son los nombres de la versión en castellano)
En fin, me alegraste la mañana, loco.
Saludos cordobeses!