SI ES MARTES, TODAVÍA ES FRANCOBELGIA
PERO COMO ES VIERNES, tengo que confesar que ya no estoy en Francobelgia, y que escribo desde mi habitación del Sceptre Hotel. Hace tanto calor, que toda la noche escuché gente en la calle, paseando e intentando refrescarse junto a la ribera del Moltus. Desde la ventana de mi habitación se ven algunos jovenes bailando bajo los faroles de dos siglos que iluminan el famoso puente del Pelícano Negro.
Mañana temprano iré a ver un par de comiquerías que hay en la zona. Por acá se estilan los álbumes de tapa dura de gran tamaño, lomos en tela, acuarelas especialmente encomendadas a artistas locales, incluso cuando se trata de historietas yanquis. Hay que aclarar que en ese rubro, al menos segun me contaron en Francobelgia, este país se quedó en la Silver Age.
La cosa fue así, hace unos días, todavía en Francobelgia, estaba en Saint-Ogan, una comiquería muy extraña, como que está construída a partir de lo que quedó de una iglesia bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Copada, con vitrales. Pensé que sería húmeda, pero con el calor que está haciendo en estos momentos acá en Europa la verdad que no me enteré.
Era el escenario ideal para la presentación a la que asistíamos, ya que se trataba del lanzamiento (no oficial) de una versión en esperanto de una famosa revista europea, que apareció antes de aquella guerra.
Como sea, estaba hablando con este editor italiano que había probado suerte en el país en que estoy ahora con el género de super héroes. Sabía que no faltaban los fans, que incluso se editaban en inglés y en la lengua eslava local fanzines y revistas especializadas. Existía la famosa convención de Zlip (se llama así, la ciudad, yo que culpa tengo) y la anticonvención, dedicada al comic underground. Este tipo investigó esos lugares y esas fuentes y comprobó con horror lo que decía antes: esos fans no solo preferían a los personajes de la Silver Age, se desentendían de cualquier versión que fuese más allá de mediados de los años sesenta.
“Lo terrible” me decía el tano “No era tener todo un fandom concentrado en leer y coleccionar comics de la Silver Age, sino mis pobres intentos de venderles las nuevas versiones de Superman o Shazam (que ellos llaman sin dudar Capitán Marvel). Cuando hice una descripción de Infinite Crisis me preguntaron si se trataba de una historia imaginaria o si transcurría en Tierra-2. Eso me descolocó totalmente. Así que me dije: voy a publicar lo que esta gente quiere leer.”
Los jefes del tano, dueños de una multinacional que posee los derechos para Europa de Marvel, DC comics y otras editoriales yanquis menos conocidas no se asombraron cuando el tipo les recomendó publicar Challengers of The Unknown, Superman y la Legión de Superhéroes. El asombro fue cuando les aclaró que se trataba de las versiones de los años cincuenta. Aparte de estos personajes que saldrían en comic book, planea aprovechar la colección Showcase presents de DC comics y algunas antologías de Marvel para contentar a esta gente.
Ah, un rato después, mientras veíamos gente bañandose en la fuente del Marsupilami, una de las mas famosas de Francobelgia, el tipo se acordó que uno de los directivos de la multinacional, un tal Giovanni Panetone, le dijo que no podía creer que por más pequeño que fuera el país (en realidad son dos países que se integraron después de la caída de la Unión Soviética) todos los lectores de superhéroes se interesaran sólo en la Silver Age. Y este tipo le contestó que tenía razón, que había algunos rebeldes que todavía preferían a los comics de la Golden Age… jajjaaja. Para esa parte del público había pensado en libros recopilatorios de Wonder Woman.
Ahora voy a dormir un poco y después voy a pasear por este país delirante, cuyo nombre ya habrán adivinado.





