SYLDAVIA BY NIGHT
Querida Diane:
Es sábado a la noche y estoy bebiendo un delicioso café. Si alguna vez venís a la República Federativa de Syldavia, no dejes de probar el café del Hotel Zsnorr. Está ubicado en lo que era la antigua capital de Borduria, país que se unió al antiguo reino de Syldavia cuando comenzó el desmembramiento de la Unión Soviética.
En un rato unos amigos vienen a buscarme para ir a una muestra de comics. Aquí, desde hace años, se homenajea en libros, películas e historietas a un amigo del viejo régimen monárquico, un periodista belga que parece haber vivido muchas aventuras por estos lares, una mezcla de Richard Burton y Sidney Reilly, el famoso espía, salvo que este personaje iba siempre acompañado por un perrito.
Cuando esta mañana salí de Klaw, había movimiento en las calles. Le pregunté al taxista que cargaba mis valijas qué era lo que pasaba y me explicó que se trataba de una manifestación contra la actitud o la participación de Estados Unidos en Medio Oriente. “¿Son musulmanes?” pregunté “Y judíos, y cristianos” me respondió. “Yo mismo vengo de medio oriente“, dijo, aunque no hacía falta aclararlo. “Tienen todo mi apoyo y rezaré por ellos, pero desde que vine de mi nativa Khemed no he dejado de trabajar un solo día”.
Al llegar a Szohôd tuvimos un malentendido gracioso. Mencioné que llevaba algunos pesos y el taxista pensó que se trataba de dinero de un país vecino, cuya moneda se llama peso. Algo muy extraño para tratarse de un lugar cuyo idioma es el ruso y que también perteneció a la URSS.
Mis amigos acaban de llegar. Me dicen que el lugar adonde vamos está cerca de la estatua de Kurvi-Tasch. Si lo vieras sabrías al instante que se trata del monumento a un antiguo dictador del país. Salvo que a diferencia de otros monumentos parecidos, erigidos a Stalin o a Saddam Hussein, este no fue derribado, ya que se trata de la obra de una figura importantísima de la historia artística del país. Después de muchas idas y vueltas en las que incluso se ocultó la estatua con paneles de madera, a otro artista se le ocurrió pintarla con lo que yo llamo pintura psicodélica. Creo que de cerca están representadas escenas cotidianas, del campo y la ciudad que quizás yo no noté de lejos.
Supongo que ese cambio representa la voluntad del pueblo sobrepasando a la de los dictadores, no lo se. Mis amigos me hacen señas con una revista local dedicada a Carl Barks. Tengo el irresistible impulso de examinarla.
Saludos,
FABIO
Hotel Zsnorr, Szohôd, Syldavia.





