DONALD Y LA PILA DE COMICS
Nada es mejor. Una pila de comics junto a la cama. Puede ser lo que trajiste de la comiquería. Lo fuiste a buscar a la tarde y recién ahora, metido en la cama revisás cada comic-book, cada TPB (recuerdenme que arme un diccionario comiqueril). Calculás cuánto sueño tenés y cuanto querés que te dure cada historieta. Siempre es un problema.
Si elegís Fell, por ejemplo, tenés una historieta completa y varias páginas de texto en las que Warren Ellis cuenta el origen de la idea, o juega un contrapunto de comentarios con las cartas que le llegan. A veces Ellis muestra qué genialidad dibujó Ben Templesmith en base a una indicación del guión.
Fell es ideal para leer en la cama aunque tengas sueño. Siempre te queda un poco para después.
La pila que yo tenía junto a la cama hace unos días estaba compuesta de revistas brasileñas de Editora Abril. El denominador común: la marca Disney. El más gostosinho es un tomo de las Obras Completas de Carl Barks, una edición espectacular, no porque sea la edición de lujo que se están imaginando: la tapa es de cartulina, el papel satinado pero no demasiado grueso. Pero las historietas están bien seleccionadas, el color es nuevo, cada una detalla donde apareció originalmente y cuál es el título en inglés. Este tomo remite a historias de finales de los 40. Y se nota cuánto había crecido el “hombre pato”.
Los sobrinos todavía no son parte de los Cortapalos Juniors pero ya se ven como más responsables que su Tío. En una historia Donald consigue trabajo como guardia de seguridad de un depósito. Hugo, Paco y Luis (¿y como querés que los llame?) se agarran la cabeza: “¡Duerme 16 horas por día! ¿Cómo va a hacer para quedarse despierto pasada la medianoche?” dice uno de ellos. “Peor… ¿cómo vamos a despertar al tío antes de medianoche?” pregunta otro.
Es temprano en la noche y Donald no tiene sueño. Los sobrinos intentan dormir, pero el tío insomne (ustedes conocerán bien la situación) baila con la radio a todo volumen, canta e incluso hace experimentos químicos explosivos con la excusa de que así le vendrán las ganas de dormirse. Cuando suena el despertador, Donald apenas ha dormido cinco minutos y los sobrinos casi nada. Así que los cuatro van al trabajo. Los chicos llevando a duras penas al tío dormido, que se sigue durmiendo de parado, aunque traten de despertarlo siguiéndolo toda la noche con bombos y trombones. Sigue una trama con ladrones, el involuntario heroísmo de Donald y el comentario irónico de los sobrinos en el desayuno (¡mientras comen cereal, uno de ellos lee el diario!). Una historia genial en diez páginas, y hecha a partir de un hecho muy común.
Es decir, me imagino a algún dibujante o guionista aficionado, que intenta cada día levantarse temprano para ir a la oficina o ir a atender un locutorio y tratando de pensar situaciones con las cuales construir algunas páginas de historieta. Carl Barks podía hacer una historieta con esa misma situación… el trabajo, el sueño que no viene.
Y la necesidad de cumplir. Los sobrinos están pendientes del trabajo de su tutor. En otra de las historias Donald trabaja de mensajero y compite con los sobrinos por las mejores propinas. Pero bueno, todos sabemos -con la probable excepción de Ariel Dorfman- que nunca entró mucha plata en la casa del pato Donald.
¡Cuack!






Un grande Barks!
http://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Barks