EL NOMBRE DEL LOTO NEGRO

REH_CONAN.jpgComo decíamos ayer, estuve leyendo las historietas de Conan que publica Dark Horse. Ahora las está escribiendo Tim Truman, que vino a reemplazar a Kurt Busiek. Cary Nord sigue en los dibujos. Yo estuve leyendo el segundo arco escrito por Busiek, en particular la adaptación del cuento de Robert Howard, El dios del cuenco. Es, sin dejar de ser lo que se ha llamado “Fantasía Heróica” o “Espada y Brujería” una historia policial.

Conan entra a un templo, contratado por un noble, para robar unas tabletas misteriosas, pero se encuentra con un cadáver y con el guardián del edificio. Enseguida llega la autoridad, encarnada por soldados y un representante del reino que viene a ser la versión de la “Edad Hiboria” de un policía. Sigue un interrogatorio, un examen del cadáver, la aparición de los testigos que vieron por última vez a la víctima. Conan niega su participación en el crimen pero como al mejor estilo Phillip Marlowe protege a quien lo contrató y oculta el motivo de su presencia en el templo, resulta sospechoso.

Conan es alguien cuyos valores, no solo sus costumbres, son contrastadas con los de la civilización. La persona que él está protegiendo aparece, sospechan de él y le dicen “Señor, si usted contrató a este bárbaro para robar, no se preocupe, miramos para otro lado. Va a ir preso por entrar en un lugar público pero podemos arreglar su discreta huída”. Pero el aristócrata niega conocer a Conan. Conan pierde la cabeza en un sentido metafórico, y el desagradecido noble… en un sentido literal.

Entonces se hace evidente la naturaleza del verdadero asesino. El cuento es muy conocido, el criminal es fácil de adivinar, pero el cuento es disfrutable y la versión de Kurt Busiek y Cary Nord toca especialmente las cuerdas que lo vinculan con el policial.

Por otro lado me encontré vinculando esta historieta con otra. Una historia de Nahuel Barros escrita por Oesterheld y dibujada por Carlos Roume. Una historieta hermosa, en los detalles, en el trasfondo histórico y (cómo me decía Mariano Chinelli el otro día) en la posibilidad de identificarse con los lugares de la provincia de Buenos Aires donde transcurre, algo que comparte con El Eternauta.

Esta historia, que no estaba en el libro que compré en el año 2046 de una tierra paralela sino en El Libro de Fierro que publicó Ediciones de la Urraca hace muchos años. También es un policial, aunque esta vez se trate de un fortín y la continua “guerra contra el malón”. Después de un ataque de los indios, un italiano reclama que le han robado el dinero, pero como hay que atender a los heridos, dejan el asunto para después. Mas tarde, cuando ya es tiempo de investigar lo que pasó, alguien avisa que vienen los indios cuando ni el tipo que está en el mangrullo los ve. Otra escaramuza con la indiada y el italiano aparece muerto, con un flechazo. El baqueano Nahuel Barros se da cuenta que la flecha ha sido clavada, no disparada. Y sospecha enseguida quien lo mató.

Lo que sigue es una variante de esas pruebas en la que lo que se consigue es que el culpable se autoincrimine. Tendría que buscar, para seguir comparando, una historieta también policial, donde roban una joya en la oscuridad y es nada menos Nicolás Paganini quien descubría al culpable con un método semejante. No recuerdo la revista en la que salió, pero sí que estaba dibujada por Dino Battaglia.

moebius.jpgY quizás debería agregar, antes de que nos pongamos a citar El Nombre de la Rosa o las historias del Juez Dee, que soy de la opinión de Rodolfo Walsh y su famoso ensayo “Dos mil quinientos años de literatura policial”. Lamento disentir con el querido Borges, que postulaba el origen del género en La Carta Robada, de Poe.

Me siguen fascinando los pasajes en que Walsh compara los gestos de Sancho Panza con los de Sherlock Holmes. Me hubiera encantado que el policía o detective que aparece en el cuento de Howard y en la historieta de Busiek y Nord no fuera venal y sujeto a privilegiar a los nobles por encima de la justicia. No me importaría ver más detectives en la Edad Hiboria, entre los gauchos o en una sociedad del futuro como la que aparecía en The Long Tomorrow de Dan O’Bannon y Moebius.

Algo que se me ocurre ahora es que Conan podría representar al estilo del Hardboiled nacido en las revistas pulp (la “serie negra” que le dicen algunos) contrapuesto al estilo deductivo de la novela inglesa. Después de todo, es Conan el que como Marlowe, mantiene un código y desprecia la corrupción de las costumbres “civilizadas”.

Pero bueno, es tarde para andar sacando conclusiones. Acaba de cantar el zorzal (no Gardel, sino un pajarraco de esos). Nos vemos por ahí.

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