PARKER’S MOOD
Afuera llueve. Todo el cielo. Y cuando llueve hay que desenchufar todo, porque ya se sabe, si el vino viene, viene la vida pero dónde iremos a parar si se nos caga el modem. Así que nos ponemos a buscar donde fue que leímos aquella historia en la que vimos por última vez al único amor de Peter Parker…
No, no digo Mary Jane, hablo de la rubia Gwen Stacy, la hija de un capitán de la policía y la única mina en la que Parker pensaba antes de que M.J. apareciera en su vida.
Ya se, ya se. En tres películas de Spider-Man, el único amor de Peter Parker es esa versión pálida e incoherente de la chica de al lado, encarnada (si así se puede decir) por Kirsten Dunst. La Mary Jane de los comics la hubiera puesto en forma de una patada.
Es raro, para mí el único amor de Peter Parker, cuando era chico y seguía los primeros dibujos animados que se hicieron del personaje (los de la famosa canción que interpretaron entre otros The Ramones) era Betty Brant, la chica con la melenita a lo Louise Brooks, la secretaria de J. J. Jameson. En las dos primeras películas de Sam Raimi protagoniza un cameo vergonzoso, no tanto como el del Inspector Cardona en The Shadow, pero casi.
Pero la cuestión es que no encontré donde fue que leí el episodio aquel que reproducía el de Amazing Spider-Man #121, pero me dio nostalgia y me tiré en la cama a leer los únicos siete primeros números de una colección que se llamó “John Romita - Spiderman” y que obviamente empieza en Amazing Spider-Man #39. Es cuando el Duende Verde descubre la identidad del encapotado… ehh… perdón, del trepamuros, y lo enfrenta justo frente a su casita de Forest Hills (música cortesía de Simon & Garfunkel).
El último cuadrito de ese episodio también revela la identidad del Duende quien resulta no ser otro que… no, no, ningún spoiler acá por favor, no vamos a decir que se trataba de Norman Osborne, padre de Harry Osborne, que cursaba en el mismo colegio secundario que Peter. Ah, ya lo sabían porque vieron la película, pero capaz que no sabían que en esa historia el Duende Verde no muere. Es más, en el enfrentamiento final, Spider-Man quema el disfraz de Osborne y le pone otras ropas a supervel… quiero decír, con velocidad arácnida. Así, la policía no descubre la identidad de Osborne, quien, amnésico no recuerda haber sido el Duende Verde.
Uf, no puedo detallar todo lo que hace Peter Parker en estos números, pero la cosa viene más o menos así: primero consuela a Harry, quien sufre por lo desamorado que es su padre. Saca fotos de Spider-Man para pagar los remedios de la siempre achacosa Tía May. Cuando salva al Duende de ser atrapado por la policía ¿la vida lo premia? No, el médico lo reta por haber dejado a su tía sola y preocupada. Parker también ayuda al Dr. Connors, el científico manco que de vez en cuando se transforma en el Lagarto. En los comics, “cabeza de red” es capaz de inventar muñequeras que lanzan un fluído semejante a telarañas, así que naturalmente puede manipular el suero de reptil que afectó a Connors para devolverlo a la normalidad y a la vez mantener tranquila a la familia del científico. Luchando con el Lagarto, Parker se rompe un brazo, es despreciado por Gwen y Mary Jane se va con uno de sus amigos.
Y uno se da cuenta. No es solamente que con un gran poder venga una gran responsabilidad… es mucho más que la culpa de haber estado boludeando en televisión y haber dejado escapara al asesino en potencia de su tío Ben. Es que el pobre Peter Parker ya es así, no hay tu tía (May). Es ese tipo de gente que todos conocemos, que no puede soportar ser feliz si hay alguien que no es feliz a su lado, que si tiene dramas no quiere que los demas los tengan también. Por supuesto que una persona así va a tener incontables problemas personales, con su familia, con sus amigos…
Mas allá de su carácter solitario e individual, y con todo respeto a su creador, Steve Ditko (ah, perdón… me olvidaba de Stan Lee), Peter jamás podría ser Mr. A.
Eso pasa cuando llueve. Ya tengo pensado comprarme un “Essential Amazing Spider-Man“, uno esos libracos en blanco y negro que recopilan los comic books clásicos de Marvel. Lo asumo, estoy en Parker’s mood, tigre.





