FEAR AND COMICS IN CAMPANA
Como estoy muy engripado se me ocurrió hacer un casting para tener alguien que me cubra, no con frazadas, precisamente, sino que escriba por mí mientras agonizo (Mmm… “mientras agonizo”, qué buen título).
-¿Quién sigue?
–El fantasma del señor Thompson. Por favor, señor, no arrastre la cadena.
–Señor Thompson (o su fantasma) le haremos una pregunta y usted improvisa a partir de ella.
–Ok.
–”Y al final… ¿fuiste a Campana?”
–Rutas trágicas. Así decía el folleto, impreso en un tipo de letra que mi cerebro recordó se llama Albertus. Lo digo siempre: mi cerebro sabe cosas que yo ni sospecho. Apenas había subido al vientre de la Gran Ballena Blanca y ya me sentía angustiado. Había algo ominoso en el asfalto caliente, obscenamente iluminado por el sol matutino. La mujer sentada a mi lado dijo y me sobresaltó: “Va a ser un hermoso día” lo dijo como si realmente importara. La miré a los ojos y coloqué mi mano sobre su pierna, acariciándolo apenas. Asintió con la cabeza y cerró los ojos. Parecía dormida, no quise molestarla.
–Ok, no es muy ortodoxo, pero este blog tampoco es muy…
–Una hora después la mayoría de las cortinas estaban cerradas. Dentro de la Ballena, todos parecían dormir, dormitar o escuchar música de sus mp3. Yo quería leer, necesitaba leer, el paisaje me enfermaba, no soporto el paisaje, iría a cualquier lugar del mundo de vacaciones si no fuera por el paisaje. No lo soporto, de modo que cuando llego a cualquier lugar busco una librería o algún lugar que parezca más urbano que turístico. Mi cortina también estaba a medias cerrada.
–Señor Thompson (o su fantasma)… no está mal, pero no llega al asunto, que son los comics. En este blog hablamos de comics y usted…
–No importaba. De la pared del micro brotaba un pedúnculo sucio con una lamparita tipo tesla en su punta lechosa. Lo tomé con asco y tiré, extendiéndolo hasta cerca de mi regazo. Un interruptor de rosca hizo brotar la luz blanca. Ahora el folleto se podía leer perfectamente, parecían textos tomados de una novela de Ballard. Las imágenes eran atroces, autos convertidos en guiñapos pero esto no era lo peor. Lo peor era el aburrimiento que…
–¡GRACIAS! ¡SIGUIENTE!
–… como un lagarto escapado del orificio anal de de un caballo muerto nos miraba desde el horizonte, con la mirada culpable de siglos de…
–¡¡SIGUIENTEEE!!! ¡¡¡SEGURIDAAAD!!!





