TE ESTOY HABLANDO A VOS
Para algunos es “romper la cuarta pared”, para otros es “hablarle a la cámara” pero el recurso de dirigirse al espectador es más antiguo que las cámaras. Es habitual tanto en las obras de teatro escritas por Shakespeare como en las que protagonizaba Darío Vittori en la tele. Hace un rato lo veía a Hoagy Carmichael relatando a cámara cómo le había ido a Kirk Douglas tocando la trompeta, una de esas historias donde un músico se mete con una mina rica, sofisticada (snob) y probablemente lesbiana (chica mala), cae en el abismo más hondo y termina yéndose con Kim Novak (chica buena), o en este caso, con Doris Day (chica super buena y santa). A mí por eso me gusta “La Máscara del Dolor” donde Sinatra habla con su reflejo en una vidriera y su futuro es medio incierto… pero al menos no se va con Kim Novak!!
¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, personajes que le hablan a la cámara. Últimamente he leído dos excelentes historietas donde pasa eso.
La primera es Crécy, escrita por Warren Ellis y dibujada por Raulo Cáceres. Allí el protagonista es de alguna manera omnisciente. Le habla al lector desde el momento histórico en que los soldados de Eduardo III marchan hacia Crécy donde tiene lugar la famosa batalla en que Francia perdió a la mayor parte de sus cortesanos. Ellis apenas se permite un flashback, que tiene que ver con un momento anterior de la campaña. Pero cuando el protagonista explica que los ingleses practican con el arco largo cada domingo, la escena se traslada a un domingo inglés, y desde allí se explica concienzudamente que no hay que poner la fuerza en todo el brazo, sino usar los músculos de la espalda, poner el borde de la flecha junto a la cara y soltar. Todo el comic (una novela gráfica del sello Apparat, publicada por Avatar Press) es eso, una explicación de qué implica cada pequeño detalle: las cabezas de flechas que pueden desprenderse, el efecto de la lluvia sobre las cuerdas de los arcos, el por qué del odio entre los arqueros ingleses y los ballesteros genoveses. Todo incide en el éxito o en el fracaso de la campaña, de una manera que recuerda a aquella extraordinaria serie inglesa llamada “Relaciones“.
La otra historieta que se acerca a ese tono documental es Mc Kosher, de Brian Jánchez (Los sueños de Tito, El combate del Siglo, etc.) que está siendo serializado a través de su propio blog y del blog Semana Onírica. En esta historieta, que me parece la mejor que ha hecho Jánchez hasta ahora, el autor cuenta su experiencia como “activador” (el único judío que puede activar las máquinas para cocinar la carne) en un Mc Donalds donde sirven alimentos kosher.
Yo estaría tentado a definir la historia con palabras como “desopilante”, “insólita” y “una comedia que lo hará reflexionar acerca del absurdo de las religiones”, pero me da mucho miedo que el gobierno de Israel que se toma esas cuestiones muy en serio me tire unos misiles contra mi casa. Lo cierto es que Jánchez describe la política de alienación (o la simple idiotez) con que se maneja un local de la afamada franquicia y al mismo tiempo, el cuidado obsesivo de los rituales de purificación, en el que solo un judío puede tocar las carnes que comerá otro judío (andá a saber de donde viene la vaca).
Como decía, en ambos casos, se trata de historias con algo de documental. Crécy, aunque tenga que ver en parte con la política mundial y las armas de destrucción masiva no creo que gane un Pulitzer como Maus o el interés periodístico que obtuvo Palestina. Yo lo recomiendo sin dudar. No esperen a que se traduzca al castellano y alguno reemplace “cunt” por “coño”. Comprenlá y aprendan inglés cuando puedan.
En el caso de Mc Kosher, habrá que ver adonde llevará la historia de Brian Jánchez entre las hamburguesas, también hecha de detalles y anécdotas. Me pregunto si terminará con alguna conclusión filosófica o si simplemente el Gran Rabino de Almagro lo excomulgará a Jánchez por hacer chistes malos sobre Pumper Nic.
Más sobre ambas historietas en los próximos días.






Tengo la sensación –que tendría que tratar de comprobar–de que a la historieta le hace mucha falta atender a detalles. Hay un placer de los objetos nimios que uno ve poco. (Me acordé de Ikkyu, el manga de nunca-me-acuerdo-los-nombres-japoneses-salvo-tezuka, cuyos mejores momentos son eso: alguien limpiando un pescado).