SABRINA: EN TRUENO, RELÁMPAGO O LLUVIA
Recuerdo que hace unos cuantos años atrás una amiga estaba cuidando la casa y el gato de otro amigo,que había salido de viaje. Pero este amigo no tenía servicio de cable y mi amiga estaba sufriendo de un terrible síndrome de abstinencia que solo podía curarse con la receta del profesor Brian O’Blivion, es decir, con una ración de televisión. Mi amiga sobrevivía a base de capítulos de Sabrina, la Bruja Adolescente que pasaban por la tele de aire (si no me equivoco los siguen pasando por Telefé).
Fue por aquél entonces que yo hice una afirmación que fue considerada una blasfemia: que Sabrina era mejor que Samantha. Puestas a comparar dos sitcoms con brujas con protagonistas, me quedo con la más ágil y divertida, con la que está construída a base de ingenio. Hechizada tuvo personajes (Leer completo)
Hace rato que no escribo y la foto correspondiente al Día del Dibujante buchonea los días exactos. Me tomé un tiempo para dormir mal, no dormir y escribir una nota para la cual creía que estaba preparado, que la hacía en dos patadas. Y no siempre es así, he ahí el problema de tener altas expectativas con respecto a la gente y querer incluirse uno también.
El Museo de la Caricatura envía una postal para celebrar el Día del Dibujante. En ella puede verse a Eduardo Ferro sosteniendo el 
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Qué se le va a hacer, ando con el sueño cambiado. Me despierto temprano y trato de avanzar con varios trabajos que tengo pendientes. Estoy leyendo mucho comic nuevo, pero muchísimo comic de los años 40, lo cuál me quema la cabeza como una droga psicodélica. Entro a Virus Mental* a aprobar mensajes y borrar el spam pensando que puedo escribir algo cortito para después enganchar con algún tema y me encuentro con un delicioso comentario nada menos que de Linton Howard, un nombre admirado desde la infancia, acerca de algo que escribí hace tiempo, sobre el fanzine Crash! Hace unos días pasé por esa esquina donde hace eones un kiosco de revistas vendía ítems comiqueros que no se encontraban en ningún otro lado. Ahí compré ese primer tomo apaisado
En los años 30, durante la depresión, New York era el mundo y el ángel oscuro que lo protegía era La Sombra (The Shadow). La Sombra era un ser misterioso cuya identidad nadie llegó nunca a conocer. Algunos te dirán que era el millonario Lamont Cranston. Otros, que en realidad era Kent Allard, el famoso aviador perdido. No, nadie supo jamás si La Sombra era alguno de ellos. Por los pulps sabemos que de Lamont Cranston asumía la personalidad, se aprovechaba de su casa e incluso del equipo de radio que el millonario trotamundos tenía en la buhardilla.




