CRASH!:RECUERDOS EN PARALELO
Qué se le va a hacer, ando con el sueño cambiado. Me despierto temprano y trato de avanzar con varios trabajos que tengo pendientes. Estoy leyendo mucho comic nuevo, pero muchísimo comic de los años 40, lo cuál me quema la cabeza como una droga psicodélica. Entro a Virus Mental* a aprobar mensajes y borrar el spam pensando que puedo escribir algo cortito para después enganchar con algún tema y me encuentro con un delicioso comentario nada menos que de Linton Howard, un nombre admirado desde la infancia, acerca de algo que escribí hace tiempo, sobre el fanzine Crash! Hace unos días pasé por esa esquina donde hace eones un kiosco de revistas vendía ítems comiqueros que no se encontraban en ningún otro lado. Ahí compré ese primer tomo apaisado de Flash Gordon, ahí compré las Crash y ahí muchos años después me hice con una Comic Buyer’s Guide que traía artículos sobre Doc Savage que sigo releyendo. Hoy en día lo único que queda en esa esquina es la pizzería Marín. El kiosco está, pero vende pornografía.
Como sea, el comentario de Linton Howard (Joan Benavent) es tan jugoso que decidí destacarlo y rescatarlo de esa especie de sótano donde suelen quedar. Lo reproduzco con el agradecimiento y la admiración de siempre. Yo no querría ser otra persona que la que de chico se fascinó con Crash!:
—–
“Bueno.Me encuentro con un artículo sobre Crash, Fernand y Sesarego. Todo es verdad. Hicimos Crash con imaginación y esmero. El nombre lo puso Cativa. La idea, Leandro et moi. En paralelo dictábamos cursos de dibujo e Historia del Comic y el Cine. Eso lo hacia yo. Tenía alumnos interesantes. (Esteban) Laruccia, Norberto Van Rousselt, el chico Rodriguez y otros muchachos fenómenos. Eran épocas de plomo, y la gente joven quería expresarse. Nosotros también, dentro de lo posible. estudiaba con nosotros el hijo de Guagnini, que hoy es pintor. El viejo estaba desaparecido.
Teníamos en contra a la Asociación de Dibujantes (sic), éramos nosotros pero había gente que nos acusaba de aprovecharnos del nombre (Sesarego era el Presi, y creo que yo estaba de secretario). No ganábamos un mango, eran chirolas. En la contra estaba Rep, que era un pendejo bastante pelotudo. Creo, por lo que quieren decir sus dibujos, que lo sigue siendo; aunque tenga buena mano. Lo que le faltó y le falta es cultura. Verdadera cultura, y muchísima calle.
Sesarego y yo teníamos calle, y estaño. Por eso nos encantaba Fernand, que era hermano de Carlos Eyré, el dibujante de El Zorro. El otro fue Breccia en 1945: Revista Espinaca. De la revistita tengo 80 números, conseguidos en Barcelona; mi ciudad.
Fernand era un republicano español. Conocía muy bien el norte de África y su trazo era diferente. En Espinaca dibujaba Buridán, el Corsario y algunas historias de legionarios realmente excepcionales.Eran relatos atormentados de una calidad que no he vuelto a ver.
Recuerdo que állá por los setenta y tantos voy a Columba a hablar con el hijo de puta de Presa, y me enseña unos originales flamantes de Fernand. Le digo:
-¿Los vás a publicar?
-Nada de eso. Se los pagamos hasta que pueda jubilarse; despedirlo nos saldría caro.
Eso era Columba. Ahora bién; los dibujos me impresionaron por su desprolijidad. Eran planchas que parecían hechas a las corridas.
-No-, me dijo Presa. -Es que tiene artritis.
Lo comentó como si tal cosa. Me despedí de él y no lo ví nunca más.
Va un saludo y la dirección de mi Blog. Estoy para lo que manden, sobre datos e historias del pasado.”
——
Es un gustazo tener estos lectores. Para mejor, en el blog de don Joan encuentro un largo artículo sobre los seriales, que pienso devorar. Está nublado sobre Buenos Aires y yo me voy a tomar un mate cocido.






Verás Fabian querido, en estos días todo es emocionante. Con Norb Rodríguez Van Rousselt nos estamos carteando tupido. Más que históricos de las Historieta, parecemos dos viejos histéricos.
Te adjunto parte de un comentario que le envié sobre Lucho Olivera y sus últimas temporadas.
Durante cinco de mis siete viajes a Baires (realizados entre 1999 y febrero de este año)tomaba wisky con Lucho. Yo paraba en lo de mi hermana que vive en la Calle Frech esquina Laprida y lo reencontré en una librería de viejo que ya cerró. Gran abrazo. Onomatopeyas de dicha por todas partes.
Lucho vivía en los alrededores y andaba solo por el barrio, como un mutante. Creo que ya no laburaba pero hacía como que sí. Y yo le seguía el tren. Una tarde me invitó a su piso(”Mi Estudio”decía).Cuando me franquea el paso dice.
“A este piso entra la inteligencia”.
Le contesto.
“Más bien vive aquí”
Ah, pero no “Nano”(los amigos me decían Nano, que significa nene en catalán) Yo me refería a vos.
Lucho era un tipo agradable y singular, hasta que sus delirios lo hacían insoportable. Con los años(desde el ´82 que no lo veía)se habían acentuado y entonces te lo tenías que bancar, por que en el fondo era como un niño, y a los niños no hay que joderlos.
Entre otras manías, manifestaba querer cojerse a todas las minas. A las de los quioscos y los bares donde nos servían el wisky también. Muy solícito, se ofrecía dibujarlas. Pero no en bolas. Era demasiado fino para pactar algo así. Les hacía retratos del rostro. Pero los retratos no eran fieles. Dibujaba minas de comic. Las de Nippur de Lagash o Gigalmesh. Vivía en su mundo. Seguía siendo historietista hasta para eso. En otros momentos, descorchaba uno de sus tantos sueños sin realizar.
“La semana que viene te acompaño a Barcelona”
“¿Ha sí? ¡Pero qué bien!
Era como decir “vamos a jugar a las figuritas”. Y yo sabía que no jugaríamos nunca, por que ya no había figuritas como las de antes ni él quería jugar.
Era un delirio. Quería escaparse de sí mismo.
Hacia el final del quinto viaje se interrumpieron las rondas de wisky. Todavía no le habían descubierto el tumor en la próstata. Pero daba la sensación de que se quería morir. Deliraba menos y se veía cansado. Creo que había perdido en Norte.
Una tarde, la última que compartimos, caminando por los alrededores (ya no pisaba el centro; tenía miedo) e intentó enseñarme unas fotos de sus viejos (Lucho ya era huérfano y la hermana que le quedaba vivía en París). De pronto se le agarrota la mano al sacarla del bolsillo del abrigo y las fotos se le desparraman en uno de esos charcos pestilentes de las vereditas de Buenos Aires.
Entonces, con gran delicadeza las recupera y procede a limpiralas contra la manga del abrigo.
En una de las instantáneas, los viejos, bailan emperifollados un tango. El instante marca un corte. Los dos sonríen a la cámara.
Cuando alcé la vista para decirle que la toma era muy buenatenía los ojos húmedos.
“Eran papá y mamá”, me dijo.
Después me enteré del cáncer de próstata. Se lo había contado a mi hermana por teléfono tras preguntarle si yo volvería a visitar Buenos Aires.
La última vez que lo ví fue de lejos. Había llamado por teléfono desde Barcelona, pero no contestaba. Mi hermana me dijo que no lo veían por el barrio ni por la librería de “Tony”, el peluca. Iba en un colectivo y me bajé corriendo, pero se había pirado.
Caminaba encorvado y estaba muy flaco dentro del abrigo verde. Alkcanzé a divisar el perfil, también verdoso, como el de los senteciados por “la papa”
En su piso nadie respondió a mis timbrazos ni a nuevos llamados de teléfono.
El Peluca me lo explicó.
“Lucho no quere ver a nadie. Hace tiempo que no pasa por acá”
Y se murió, nomás…
Muchas gracias por el recuerdo. Aprecio mucho esa mezcla de memorias tan personales, de buenos y malos momentos que son los que hacen a una persona. Prefiero recordar a un ser humano como fue, con sus aciertos y fallas (si asi se les puede llamar)que los eternos obituarios que convierten a cualquiera en un prócer.
Un abrazo, y de nuevo gracias.
Claro, Fabio. Somos así. En un pantallazo podés proyectar el momento vital de una persona, y su carácter. El Lucho que conocí a principios de los ´70 no era exactamente igual al último. Pero este otro conservaba su rasgo esencial. Esa locura del gran artista. Del genio, en su apartado. Y el fondo sentimental.
Arropado en arpillera, si querés, pero genuino y conmovedor.
Te remito a un capítulo de mi libro “La Piel de Los dioses”. Son 16 miradas sobre algunos grandes de Hollywood en la era de los Estudios.
Alguen -no se quién- colgó en Internet el de Barbara Stanwyck. si tecleas en la red “la perdida de Barbara Stanwyck”/Joan Benavent. hallarás todas sus páginas, previo listado de entradas para otros artículos(que en realidad son minutas)
Son muchas las hojas de “Al Pie del cañón”. Pero lo colgaron por la misma razón que vos señalás. Ella está, para el caso, enterita, entremezclada su vida en las películas.
Va un fuerte abrazo. Me gusta mucho Tu blog. Es moderno y su estética relampaguea.
Además, tu criterio es el de un muchacho sensible, que sabe seleccionar.
Es una rara cualidad.
Te invito a que des una ojeada a mi reseña del primer “Flash Gordon Serial”, objeto de deseo compartido con Leandro, y plasmado por él en común instancia mediante la bella cubierta de “Crash”. A ella se agregan evocadoras imágenes de You Tube.
Va un saludo.
Linton