WOOD: FLECHAS Y ESPADAS

sven2.jpgCuando yo era chico, allá por el Pleistoceno, una de mis tías dejó que saqueara un montón de material de lectura que estaba tirado en un galpón. Así fue como tuve mi primer encuentro con libros de Tarzán editados por Tor, con El Retorno de los Brujos en el grueso volumen de Plaza y Janés y con los pesadísimos tomos de la Enciclopedia Monitor, que data de los años sesenta, cuando incluir a los Beatles era el colmo de lo chic (y dudar de su talento artístico lo que se esperaba de una publicación tan seria).

Sigo buscando un lugar para esa enciclopedia incompleta, que desarmé y reordené mil veces, en ocasiones siguiendo un tópico, como el de las literaturas medievales o las biografías de escritores. Ahí fue donde descubrí que Hamlet había sido, mucho antes de la obras de Shakespeare y otro autor que pudo ser Thomas Kyd, parte de la Gesta Danorum de Saxo Grammaticus que a su vez derivaba de la perdida Saga de los Skjöldungar. No digo que en la obra de Shakespeare no haya acción (y suspenso) pero aquellos nombres me hacían pensar algo parecido al Hamlet que interpreta Schwarzenneger en una escena de The Last Action Hero.

En ese perdido Amleth pensaba mientras leía los dos primeros números de Northlanders, que escribe Brian Wood, el mismo guionista que nos pintó una guerra civil norteamericana y una New York tan conflictiva como Irak en DMZ. Acá también hay política, menos inmediata, o más sutil…

North22.jpgLa acción transcurre en el año de nuestro señor de 980. Sven es el hijo del jefe de una tribu de las Orcadas (Orkney Islands, al norte de Escocia) que hace tiempo se fue del hogar y se convirtió en un ciudadano de Constantinopla y otras grandes luminarias de la civilización de entonces y está muy orgulloso de quién es.

¿Por qué entonces vuelve a la tribu? Su tío Gorm ha usurpado el trono, y lo maneja con mano de hierro. La gente se muere de hambre. Cuando su padre murió su madre se cortó las venas para no tener que compartir el lecho de Gorm… Pese a la mezcla de sangre que no lo hace un vikingo puro, con su cara lampiña que hace reir a los demás, Sven es el legítimo heredero al trono…

Y pese a todo nada de eso tiene que ver con lo que desea. Sven quiere su dinero, la fortuna que le corresponde, con la cual podría volver a Constantinopla y envolver a su novia en joyas y oro y convertirlo a él mismo en un aristócrata. Mientras intenta crear un pequeño ejército para derrocar a su tío, se cruza con la misteriosa “Hija del Cazador” que lo clava a flechazos y con una antigua amiga de la infancia, que como suele ocurrir ya está bastante crecidita (uno tiene amigas de la infancia que ya podrían ser nuestras madres).

North-0.jpgCon apenas dos números parece haber puntos de contacto entre DMZ y Northlanders: el encontronazo cultural entre dos maneras de pensar, la gente como víctima de los manejos del poder y un protagonista que lo único que quiere es obtener lo suyo y mandarse a mudar. Siempre resulta interesante que el personaje cuya historia seguimos no sea perfecto… nosotros no lo somos e identificarnos de pronto con alguien cuyos sentimientos nos resultan chocantes nos pone todo en perspectiva.

A favor hay que decir que Sven es ducho en medicina, en el combate cuerpo a cuerpo, es inteligente y analítico y capaz de prevenir los movimientos del enemigo

¿Terminará por sentir algo en relación a la miseria de ese lugar que fue su casa? ¿Hará algo al respecto? No se, espero que lo que haga no implique sentarse a reinar a esos vikingos y a cobrarles impuestos… a mí también me gustaría salir pronto de ahí y ver en cuadritos el poder y la gloria de Bizancio en los dibujos de Davide Gianfelice.

¿Qué sigue? No vale mirar los libros de historia…

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