TRISTE, SOLITARIO Y FINAL
1.Yo, el solitario
Fui a la Feria del Libro el primer sábado de la inauguración. Estaba solo y me daba un poco de miedo recorrer el monstruo, pero hice de tripas corazón (lo cuál más allá de la metáfora es temible) y entré a la “menesunda” de rigor con el cartelito colgado al cuello que dice INRI o algo por el estilo.
Pero en cuanto salí de ahí (del tenebroso túnel) me lo encontré al editor Javier Doeyo, que me dijo “tengo un libro para vos”. Así que lo acompañé a su stand y me regaló la versión completa de Triste, Solitario y Final -perfecta adaptación a historieta de la novela de Osvaldo Soriano- que yo había leído serializada en la revista SuperHumor, no casualmente en mi época de fanatismo rabioso por Raymond Chandler.
SuperHumor influyó mucho en mis lecturas de aquél entonces y también Sanyú, que puesto a adaptar hacía cosas increíbles basadas en Roberto Arlt, Ernest Hemingway… ¿quién entre los lectores de la revista no relacionaba al Charlie Moon de Trillo-Altuna con el Nick Adams de imborrables ojos que dibujaba Sanyú? Mas de uno habrá buscado ese libro gordo con todos los cuentos del personaje que había publicado Emecé. También había una historia de Chandler, “Estaré esperando”, con un detective de hotel que tenía la cara de Gardel. Si, los dibujos jugaban con formas geométricas, de algunos globitos salían silencios de puntos suspensivos en una época en que casi ningún lector de historietas argentino había visto un manga. Pero esas mezclas… detectives chandlerianos con el mayor cantor argentino muerto en Medellín en 1935… era algo que hablaba de las posibilidades del medio de una manera que impresionaba como la patada de un monje zen.
¿Vieron la tapa? Supongo que en todas las ediciones de la novela, y ahora en este TPB, el Gordo y el Flaco le roban cámara a Marlowe y a Soriano. Todo bien, pero para mí siempre fue al revés. Tanto la historieta como la novela me contaban qué había pasado después de las pocas páginas de la novela Poodle Springs, que Raymond Chandler dejara inconclusa (y que luego finalizara Robert Parker). Stan Laurel, Oliver Hardy, John Wayne eran parte de un caso, también inconcluso y que el detective reabría cuando se encontraba con el joven periodista argentino (Soriano, el personaje) a principios de los setenta (probablemente 1972).
Para mí (para mí) siempre fue “una de Marlowe”. Siempre sospeché que los periodistas que entrevistaban a Soriano y le preguntaban sobre el Gordo y el Flaco esperando alguna respuesta tierna de este escritorazo que amaba a los gatos, jamás habían pasado de la portada.
Cuando leí la novela descubrí que había alusiones a otros personajes del universo detectivesco. Marlowe le dice a Soriano que el viejo Laurel se sentía solo. Y agregaba (cito de memoria) que él tenía al gato para hacerle compañía y el gato lo tenía a él, pero que ambos estaban solos. Que esa soledad no la remediaba que cada tanto, un joven detective llamado Lew Archer fuera a visitarlo para jugar al ajedrez. Todos estamos solos.
2. El último día
En el último día de la Feria del Libro (como habíamos avisado por acá) tuvo lugar la entrega de diplomas de los Destacados de Alija. Son premios al reconocimiento de gente que labura para promover la lectura infantil, y en la lista de destacados estaba Dani The O, que como todos saben, falleció hace mas o menos un mes.
Fue un momento simplemente emotivo. El circunstacial de modo no es apenas una figura retórica. No. Primero hubo un silencio, que estoy seguro que la gente de Alija ocupada en la mecánica de la ceremonia no percibió de inmediato. Era un silencio abismal, impresionante.
Y cuando uno de los hermanos de Dani (creo que estaba toda la familia) recibió el diploma el aplauso fue muy largo y sostenido, casi un espejo del silencio previo.
A mí siempre me costó mucho decir algo en relación a la gente querida que se va, y cada vez que me vi en ese brete, me acordé de Stan Laurel cuando le dice a Marlowe que lo habían criticado por no ir al funeral de Oliver Hardy: “No podía… era como si me estuvieran enterrando a mí.”
Yo lo conocí a Dani, quizás no tanto como otra gente. Pero en una época hablábamos mucho por teléfono, Dani siempre alentándome a encarar proyectos y planeando algunos propios, siempre atento a la hora en qué tenía que sacar a pasear a su perrita. Los dibujantes pueden hacer esos homenajes maravilllosos que salieron en la Fierro y en la Barcelona [miren eso]. Uno escribe, pero no siempre es fácil. Bah, nunca es fácil.
Oesterheld, queriendo contradecir un postulado de Sartre (pero sin negarlo del todo) escribía que “el paraíso son los otros”. Y si, pero nos damos cuenta cuando a las parcelas se las lleva el agua (digan lo que dijeren los que quieren un permanente homenaje en vida). Chau, Dani, haremos lo posible por no sentirnos tan solos.





