TRISTE, SOLITARIO Y FINAL
1.Yo, el solitario
Fui a la Feria del Libro el primer sábado de la inauguración. Estaba solo y me daba un poco de miedo recorrer el monstruo, pero hice de tripas corazón (lo cuál más allá de la metáfora es temible) y entré a la “menesunda” de rigor con el cartelito colgado al cuello que dice INRI o algo por el estilo.
Pero en cuanto salí de ahí (del tenebroso túnel) me lo encontré al editor Javier Doeyo, que me dijo “tengo un libro para vos”. Así que lo acompañé a su stand y me regaló la versión completa de Triste, Solitario y Final -perfecta adaptación a historieta de la novela de Osvaldo Soriano- que yo había leído (Leer completo)
Qué se le va a hacer, ando con el sueño cambiado. Me despierto temprano y trato de avanzar con varios trabajos que tengo pendientes. Estoy leyendo mucho comic nuevo, pero muchísimo comic de los años 40, lo cuál me quema la cabeza como una droga psicodélica. Entro a Virus Mental* a aprobar mensajes y borrar el spam pensando que puedo escribir algo cortito para después enganchar con algún tema y me encuentro con un delicioso comentario nada menos que de Linton Howard, un nombre admirado desde la infancia, acerca de algo que escribí hace tiempo, sobre el fanzine Crash! Hace unos días pasé por esa esquina donde hace eones un kiosco de revistas vendía ítems comiqueros que no se encontraban en ningún otro lado. Ahí compré ese primer tomo apaisado
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La flamante editorial
Todavía sueño con la esquina de Villa Monsalvo donde esperaba el colectivo para ir a mi casa y donde estaba el kiosco de revistas de “Coronel”. Todavía está el kiosco, acá a unas 20 cuadras de mi casa, salvo que ahora en lugar de los modestos negocios de entonces (la verdulería donde laburaba un compañero de primaria, la confitería) hay un shopping y un supermercado chino.
Ayer a la tarde murió Roberto Fontanarrosa. Al menos creo que fue a la tarde; de repente Google empezaba a acumular la noticia proveniente de distintos diarios, TN Noticias tenía la palabra URGENTE titilando sobre la pantalla, donde se veía material de archivo donde “el Negro” hablaba sobre el lenguaje o el futbol y humoristas como Daniel Aráoz o Marcos Mundstock daban testimonio de su admiración.
Ustedes no se hacen una idea de lo bien que se siente tener comentarios. Me refiero a comentarios de personas vivientes, sean humanos comunes, extraterrestres o esquimales (que también son personas). Siempre es preferible la amarga queja de Nanook porque uno no escribe acerca del panorama comiquero de Groenlandia que los habituales cientos de mensajes automáticos (hoy encontré 240) que no solo son puro spam sino que son todos iguales:”hola, que buen sitio, pasate por el mío” y a continuación kilométricas listas de “rape”, “incest”, “cialis”, “republican party” y cosas por el estilo.
Y fui nomás la semana pasada, engripado y todo a la presentación de Tango en Florencia. El local de Liberarte estaba lleno de gente, todos los grosos del comic argentino (y por ende internacional) estaban ahí. Oswal contó anécdotas, como por ejemplo, cuando dio su primera charla, invitado por Alberto Breccia y no sabía cómo empezar. Algo realmente increíble para quien haya presenciado esa manera tan tranquila y bien hilvanada de contar las cosas que tiene el señor Osvaldo Walter Viola.
¿Y cómo es Campana?
Es tan raro que la revista Lúpin haya llegado al número 499 y no al 500 que todo el mundo esperaba. Y sin embargo produce cierto irónico placer que el mundo no sea tan previsible como uno puede llegar a pensar. La información que sigue tiene un par de semanas de antigüedad, y visto y considerando el cierre efectivo de la publicación, habría que tomar algunas cosas como lo que son, un deseo, una apuesta a que todavía hay esperanzas para la “revistucha”.




