BETTY, BETTY
“Septiembre 2025 – Una visita al Betty Page Museum”
El Museo Betty Page se encuentra en el Valle de Calisota, en uno de los Estados más nuevos de los United States of Canada. El edificio fue diseñado por Frank Lloyd Wright y originalmente perteneció a Bruce Willis, el genial actor del siglo pasado, cuyas películas son hoy consideradas joyas del séptimo arte por los estudiosos de todo el mundo. Willis donó la casa a la Fundación Heffner Contra la Desnutrición Infantil, y fue el fundador de la revista Playboy quien la convirtió en un museo para honrar a la bellísima Betty.
En realidad sólo repito lo que dicen los folletos que tengo conmigo, pues al ingresar sólo podía admirar el gigantesco holograma de la entrada en el que Betty aparecía, con mínimas ropas de cuero, un látigo y su angelical (Leer completo)
Comentarios(3)
Hace rato que no escribo y la foto correspondiente al Día del Dibujante buchonea los días exactos. Me tomé un tiempo para dormir mal, no dormir y escribir una nota para la cual creía que estaba preparado, que la hacía en dos patadas. Y no siempre es así, he ahí el problema de tener altas expectativas con respecto a la gente y querer incluirse uno también.
1.Un pedacito de cinta scotch que se puso vieja te despega 2 centímetros cuadrados de una tapa de Doc Savage. Es un ejemplar de tu colección de
Como estoy muy engripado se me ocurrió hacer un casting para tener alguien que me cubra, no con frazadas, precisamente, sino que escriba por mí mientras agonizo (Mmm… “mientras agonizo”, qué buen título).
“Buenas tardes. Soy un lector de Virus Mental* y quiero plantear una queja. Ya estoy harto de entrar acá y encontrarme con ese dibujo de Snoopy. Que encima es amarillo y me deja medio ciego. A ver si el señor Fabio Blanco (si ese es su verdadero nombre) da la cara y escribe algo sobre comics que para eso le pagan la millonada que le pagan, digo yo.”
–Hola, nena… ¿y tu mamá?
¿Y qué se supone que tengo que escribir en el post número 300?
Querida Diane:
PERO COMO ES VIERNES, tengo que confesar que ya no estoy en Francobelgia, y que escribo desde mi habitación del Sceptre Hotel. Hace tanto calor, que toda la noche escuché gente en la calle, paseando e intentando refrescarse junto a la ribera del Moltus. Desde la ventana de mi habitación se ven algunos jovenes bailando bajo los faroles de dos siglos que iluminan el famoso puente del Pelícano Negro. 




